martes, 4 de agosto de 2009

uff, respira

Agosto ya no es lo que era. Antes daba gusto recorrer las calles de la gran ciudad con tu vehículo como si fueras el mago Harry, vaciando las calles de gente y coches a golpe de varita mágica y grito ininteligible ¡¡¡alohomora!!! y poniendo verdes los discos a tu paso.

A veces tenias la sensación de ser como “ Cesar “ el protagonista de “Abre los ojos”, la película de Amenábar, en aquella escena en la que recorre la ciudad sin encontrarse con nadie, hasta que desemboca en la Gran Via madrileña y descubría con estupor que estaba solo, tan solo que hasta daba cosica.

Hoy, entre la crisis y que tener mas de 15 días de vacaciones es privilegio de unos pocos, pero vacaciones de las de salir, de tumbarte al sol del Mediterráneo, de pasear por pueblos y ciudades desconocidas; ahora, como digo, la ciudad sigue con su bullicio. Tal vez se echan de menos los autobuses escolares, verdad papas y mamas, para congestionar un poquito el tráfico, pero poco mas.

En esto pensaba parado en un disco, a 35 grados, cuando me doy cuenta de que estoy haciendo sumas y restas con los números de la matricula del coche que me precede con el fin inútil y absurdo de convertirla, sin añadirle ni quitarle dígitos a su suma total, en capicua.

Y al poco poniéndome en el lugar de un comerciante de cualquier tienda intentando sortear esta crisis que no existe pero que echa a la gente a la calle.
Y segundos después, saltando entre pensamientos e imágenes, descubriendo el vestido colorista de alguna mujer que cruza, intentando calcular los metros de diferencia entre su paso y el del joven con los pantalones caídos, tal vez de unos pocos centímetros, pero comparándolas al cabo de 1000 o 10000 m., convertidos en... cuantos, ¿30 metros?

Y cavilando porqué la gente anda por el lado derecho de la acera, como si fueran coches, ¿andarán por la izquierda en Inglaterra? Y otro salto, y otro pensamiento aún mas absurdo, en fin, que hay veces que me entra la paranoia y me asusto, porque esta rara costumbre mía de ocupar la mente en tonterías, hasta rozar la obsesión, me lleva a ver lo cerca que esta el cerebro humano de la perturbación mental. No diré esquizofrenia porque no soy médico y supongo que es como llamar gripe a cualquier cosa que te haga estornudar, pero realmente da que pensar la delgada linea que separa estar “cuerdo” y ponerte a repetir las mismas palabras incontroladas y con movimientos espasmódicos del personaje de Brad Pitt en la película “12 monos”. Gran interpretación.

La diminuta diferencia entre el paso de esa mujer coloreada y el chico de los pantalones caídos.

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