viernes, 17 de julio de 2009

Arrugas

Hace unos días hice una pequeña reforma en casa. Alisar paredes, pintar, comprar algún mueble... y no, no es que lo haya hecho yo, me refiero a que he contactando con la gente que se supone sabe hacerlo.


Bueno pues ha salido todo bastante bien. Uno de los mayores problemas es coordinar a todo el mundo para que no te pongan, por ejemplo, el mueble antes de pintar, o que no pase demasiado tiempo entre que alisan y pintan. También es importante que el mensaje tenga el mismo significado en tu cabeza y en la que recibe tus indicaciones y que veáis los mismos tonos de color, difícil, o que un día signifique eso, un día, ni dos ni tres.


A parte de la paliza de limpiar, que parece que vives en medio del desierto en época de tormentas, como digo el tema 'sincronismo' ha sido perfecto. No gracias a mi, todo sea dicho. He puesto poco interés, pero hay que ver como a veces todo sale como untado con aceite, suave y sin esfuerzos, todo natural como el nacimiento de una flor. (Iba a poner como el nacimiento de un niño pero supongo que el género femenino no estaría muy de acuerdo con lo de fácil y sin esfuerzo).


Qué sensación mas placentera se le queda a uno cuando así, como quien no quiere la cosa, y pareciendo el mas avezado estratega, consigue que encajen tan suavemente las piezas del puzle. Y lo puñeteras que se vuelven a veces, cuando con esfuerzos denodados, llamadas mil, contactos, reuniones, palabrería sin fin y quebraderos de cabeza, ves que tus planes se desmoronan como castillos de naipes.


Ese disimulado desinterés viene muy bien cuando siendo padre compruebas cómo tu pequeñín se ha convertido en alguien mas o menos decente. Y vacilas al personal presumiendo de cómo sin ejercer de padre autoritario y dejando que el niño cometa sus propias equivocaciones habéis logrado, él y tú, que sea un “ser humano” en toda su dimensión.


No reconocerás ante nadie los esfuerzos denodados, las noches sin dormir por los quebraderos de cabeza, ni la sutil palabrería para intentar encajar ese puzle de piezas angulosas. Pero te lo recordarán cada una de las arrugas de tu viejo rostro, cuando te pongas frente al espejo.

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