Cuando nacemos lo hacemos un día, en un lugar, entre una familia... todo eso condiciona nuestra existencia, y aunque sigamos siendo individuos de acciones libres es indudable que nos sentimos dirigidos y animados a ser y decidir de maneras concretas. Son sutiles soplos de viento que deciden nuestro rumbo casi sin darnos cuenta, haciéndonos encallar en arrecifes semi-sumergidos o descubrir playas paradisiacas.
La generación de mis abuelos recibieron los soplos del hambre, de la miseria que trajo una guerra, de la escased de todo. Si te dolía la cabeza te fastidiabas porque no había nada que pudiera aliviarte. Los niños morían de cosas que aun en esos años se hubieran podido curar simplemente comiendo mejor. Por tanto, son gentes recias, que cuando sufren de algo dan por echo que debe ser asi, como tiene que hacer frio en invierno o hay que levantarse los 365 días para ir al tajo, simplemente es asi. Y cuando alguien alivia ese sufrimiento lo agradecen como si alguien consiguiera que no haga frio en invierno, sin saber muy bien si eso está bien.
La de mis padres vivió con nuestro despertar, nuestro constante crecimiento económico y social, y están acostumbrados a mitigar primero el gran sufrimiento y al final el mas leve dolorcillo. Han conocido la desatención médica y la sobre-protección. Aquello que hacia poco mataba de repente tenia una solución tan trivial como tomar una pastillita para 8 horas.
Y por ultimo estamos nosotros, la generación de la cuna de algodones, de la vida sin sufrimiento, del vivir sin sentir, antes de que deseemos algo lo tenemos, antes de que lo echemos de menos, de que tengamos alguna necesidad, la saciamos. Pero como seres en permanente estado de insatisfacción, en cuestiones de salud no podíamos ser menos y nos han metido en la cabeza que todo lo que nos ocurre es de alguna manera culpa nuestra. Tenemos colesterol por no hacer mas footing, el cáncer es por fumar o beber o ambas cosas, los trigliceridos (que es eso?) nos matan por gustarnos las lentejas con chorizo... en fin, que si nos morimos en por y únicamente culpa nuestra, de nuestras debilidades y vicios. Y nos les falta razón, porque para morir hay que vivir, y eso solo está en nuestras manos.
Basta ya de crear seres acomplejados, paranoicos y miedosos, incapaces de vivir por si se mueren, porque solo viviendo sabrás cuando te falta la vida.
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